Saber la estrategia que vamos a utilizar de cara a la competición supone una cierta garantía de éxito. Todos hemos pensado muchas veces como deberíamos pasar cada kilómetro, cuantas veces debo beber, si ir con u grupo, en qué momento debería arriesgar en solitario o cuándo daría cambios de ritmo.
Hay que tener en cuenta los datos objetivos que marcarán nuestras posibilidades. Estos datos nos los aportan los entrenamientos, los tiempos de las series, los ritmos de rodajes largos, los resultados en competiciones, las condiciones climatológicas, la capacidad individual de sufrimiento, el desnivel y la altitud del recorrido, las ganas de competir que tenga uno ese día, etc.
Lo mejor es salir a un ritmo más suave de la media que queremos sacar al final e ir poco a poco alcanzando el ritmo deseado. Arriesgar mucho desde el principio en una carrera larga no tiene sentido. Cuando uno ha preparado una competición tanto tiempo, con ilusión, no puede perderlo todo en unos minutos por una mala estrategia. Ya que puede ser muy frustrante y doloroso.
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