Corro porque, gracias a Dios, puedo: me dio pulmones, pies, piernas, corazón: tengo todo el equipo y cero excusas.
Corro porque mientras lo hago mi mente también corre, y repaso mis pensamientos, mi mundo, mis enredos y mis conflictos. Al terminar sigo teniendo los mismos enredos, pero se ven diferentes.
Corro porque encontré un grupo donde a nadie le importa si uno es el más o el menos rápido, solamente te dicen “qué bien que viniste”, compartimos el agua y nos reímos.
Corro porque encontré con gente que ven el ejercicio como una comunión con la naturaleza y las personas.
Corro porque me da una sensación de libertad enorme…
Corro porque puedo ir escuchando mi música, y un solo acorde me emociona para ir una pizca más rápido, o ir medio cantando.
Corro porque me siento completo al terminar y saco cuentas de que a veces, para hacer ese mismo recorrido, he tomado un bus o un taxi, pero ya puedo hacerlo con mis pies.
Corro porque sin ser rápido, pero puedo cruzar la misma meta que el ganador… (horas después).
Porque para correr puedo comer la pasta que adoro, y porque aprendí a saborear algo que antes me pasaba desapercibido: el agua.
Corro porque esas medallas de colores en la pared de mi casa me dicen que aunque haya cosas que al inicio parecen difíciles, si uno se arma de valor, las logra vencer. Y aplicar a la vida.
Corro porque ahora me siento muy yo en zapatillas y en calzonas.
Correr me trajo a la vida orden, salud, y una sensación de bienestar enorme. Me volví más feliz, tengo mis rutinas y disfruto más los amaneceres. Las cosas pequeñas, los logros ajenos. Todo.
Y corro porque me gusta, porque puedo. Y mientras pueda lo quiero hacer, hasta donde tenga cuerda.
He visto gente que no corría comenzar a probar pasito a pasito esta pasión…
He corrido con mis amigos, ellos me han arrastrado a la meta, me han visto llorar y celebrar que pude, ¡que pudimos!
Por eso corro y ya quiero que sea mañana para ir a entrenar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario